Estar en un concierto de los Pixies es una experiencia de esas «debesvivirloporlomenosunavezenlavida» – joder, deberían inventar una palabra para esto –.
Pocos conciertos he vivido – alguno más saldrá a lo largo de la crónica del Low – con la intensidad de este. Al no poder asistir al último de la banda, en el Sant Jordi Club en el noviembre pasado, sentía y sentíamos curiosidad por saber cómo sonaría – sí, a pesar de todo lo leído y comentado hasta la fecha – la nueva bajista y es que Kim Deal puso el listón altísimo – bien llevado por su tocaya Kim Shattuck durante apenas los meses que formó parte del grupo –. (Aprovecho la ocasión para anunciar que en breve redactaré una entrada sobre los Pixies y de paso comentaré la historia de sus bajistas.)
estar en un concierto de los pixies es una experiencia de esas «debesvivirloporlomenosunavezenlavida» – joder, deberían inventar una palabra para esto –.
Bien, el concierto fue la leche. Salieron enérgicos y con ganas de demostrar porqué eran los cabezas de cartel. Sus canciones sonaban ruidosas y con el tono algo sucio característico en los zarpazos de estos americanos. Los gritos y notas altas se distorsionaban, pero en ello residía el encanto. Nos brindaron con canciones de todas sus épocas, haciendo del reparto algo variado y acertadísimo. Por citar algunas a modo de ejemplo; «Wave of mutilation» y «Debaser» de Doolittle, «Ana» y «Havalina» de Bossanova y, por no extenderme, «Vamos» y «Where is my mind» Surfer Rosa.
En efecto, el público se entregó – aún más si cabe – cuando los de Boston tocaron esta última. Entre el público, hubo gente que necesitó asistencia de los equipos de seguridad para poder hidratarse durante el evento. Y es que el clamor subió la temperatura al máximo – imagino que por el resto también – en primera fila.
Por su parte, Paz Lenchantin contentó a todos, incluso a los más puristas en el evento, tanto por su fluencia con el traste, como con su voz – por ejemplo, en «Here comes your man».
En definitiva, un concierto de salto generacional de los que contaremos – sin ninguna duda – a nuestros nietos – adornado con el encore final de «Into the White».

por su parte, paz lenchatín contentó a todos, incluso a los más puristas en el evento, tanto por su fluencia con el traste, como con su voz – por ejemplo, en «here comes your man».
Llegó el momento del cambio de registro y aprovechando que queríamos disfrutar de La Casa Azul bailando con el resto de gente, abandonamos la primera fila y de paso aprovechamos para visitar el resto del recinto y echar una meadilla – ¿por qué no decirlo? –.

Podemos afirmar que el electropop nunca ha sonado tan bien. Y es que Guille – cantante y cabeza visible – ha llevado la movida disco y el europop a otro nivel; agitado, pero no revuelto –como el Martini–.
visitamos – con las manos limpias – el arcade arena
Con su «Podría ser peor», empezó la fiesta – que era lo que realmente parecía –. Una especie de Daft Punk sorprendía a los que desconocían los fetiches artísticos de Milkyway, mientras el resto rompía a bailar. A golpe de sintetizadores el público lo daba todo, disfrutando sin parar con temas como «No más Myolastan» o cantando chiclepop – nunca mejor dicho – con «Chicle Cosmos».
En general el setlist fue del agrado del personal. Hubo ciertas discrepancias sobre temas que – según quien – debían haber sonado. Los más discutidos en el grupo: «El momento más feliz» y «Sin canciones» y en el que coincidimos todos «Todas tus amigas».
El clímax se vivió cuando sonó «Los chicos hoy saltarán a la pista» – cosa que fue totalmente cierta – y con el magnífico cierre que dieron gracias a su «La revolución sexual».
podemos afirmar que el electropop nunca ha sonado tan bien. guille, cantante y cabeza visible, ha llevado la movida disco y el europop a otro nivel; agitado, pero no revuelto – como el martini –

Después del bailoteo y de toda la tarde y noche sentíamos algo de cansancio, pero irse no era una opción. Nos quedaba algo gordo, algo bueno y con lo que sabíamos que no habría un cierre mejor: Elyella Djs.
El espectáculo empezaba tarde, a las cinco de la madrugada. La peña estaba algo desmejorada – sobre todo para ser el primer día –, pero se respiraba buen ambiente. El Matusalem quedó vacío una hora después de Varry Brava – que lo tenemos pendiente – y nos hicimos con un lugar en primera fila, justo en el centro. A medida que los minutos pasaban aparecieron cabezas de mono y caras pintadas, unicornios, globos, banderas y un sinfín de símbolos. Y es que el dúo es un símbolo para los amantes de la electrónica. Forman melodías y ritmos con una idiosincrasia distinta al resto del plano nacional. Explotan los ritmos, los rompen y los montan haciéndolos suyos, yendo más allá, haciendo de su arquitectura algo único. De hecho, se me estremece la piel mientras escribo estas palabras, recordando su concierto y mientras en el play está su fantástico «Magic».
el espectáculo empezaba tarde, a las cinco de la madrugada. la peña estaba algo desmejorada – sobre todo para ser el primer día –, pero se respiraba buen ambiente.
Volviendo al hilo, el espectáculo fue toda una experiencia. Algo que no se puede explicar con palabras y es por eso que no entraré a comentar los temas que sonaron ni como lo hicieron. El recinto se puso a petar, hasta el punto que nos hizo pensar que hubiese sido mucho mejor que tocaran en el Estrella – escenario mucho más amplio para el público –. Todos tocándonos, rozándonos, apoyándonos, manchándonos de cerveza del de al lado, pisándonos, pero sobretodo disfrutando juntos. La gente sentía pura magia. Mirabas a cualquier lado y solo veías gente sonriendo y cantando, sintiendo sus letras y sus ritmos. Todos – y siempre – con los brazos arriba, saltando y sudando. Cantamos hasta quedarnos afónicos, hasta agotarnos, hasta darlo – en el estricto sentido de la palabra – todo. Era como vaciarse de todo lo que llevabas dentro y a la vez llenarse de pura energía.
era como vaciarse de todo lo que llevabas dentro y a la vez llenarse de pura energía.

El momento estelar, amén del INCREÍBLE final, fue el símbolo que es para todos los fans de Elyella: «Violins», en el cual participaron – subiendo al escenario micro en mano – Full y Kuve.
Como siempre su magia fue acompañada por una puesta a punto espectacular, arropada en todo momento por su público.
En menos de lo quisimos, estábamos en la recta final y bueno, no se puede explicar lo que no tiene palabras para explicarse. Así que las fotos serán quienes narren este final.
Seis y algo de la mañana. Vivimos algo único. Una forma inefable de acabar – o empezar – el día.

seis y algo de la mañana. vivimos algo único. una forma inefable de acabar – o empezar – el día
Continuará





