El día amaneció despejado. Nos levantamos con ganas de más y con los oídos recuperados del chirrido típico de ponerse cual parguelas delante de los altavoces en primera fila. Después de pasar la mañana «piscineando» y haciendo el ganso llegó el ansiado momento. Sonó la alarma que indicaban las 17.00, hora de comenzarse a preparar. A las siete de la tarde entramos puntuales al recinto, algunos exaltados – tipo fanboy –, otros expectantes y por si os lo preguntáis, yo era de los que quería muestras de todo gratis (sí, me chifla comer y si es gratis, mejor 😃). Después de abastecernos – gratuitamente – cual regimiento de exploradores, fuimos al primer concierto que teníamos planificado; Shinova, en el escenario Matusalem. La idea inicial de que Shinova formase parte de los grupos del escenario principal – el Estrella – nos pareció genial y cuando hubo el cambio por Full e intercambiaron horarios, sabíamos que los vascos no iban a fallar. Tuvimos, hace unos meses, una primera toma de contacto con ellos en la Sala Sidecar de Barcelona – una sala realmente pequeña y acogedora – donde además de ponerla hasta arriba de gente, demostraron que hacían de lo pequeño algo inmenso. Compartieron con nosotros unas cervezas después del concierto y quedamos fascinados con la humildad y el cariño con el que hablan de sus trabajos. Y es que, si tuviésemos que definir la proyección del grupo, sería con los mismos calificativos: humilde e inmensa, ya que la banda que Ander – bajo – y Gabriel – voz – montaron allá por el 2008 ha crecido al mismo nivel que sus obras. Lo suyo son canciones que van más allá que una buena melodía o un ritmo pegadizo. La clave está en lo que cuentan sus letras y estas, hacen que se te erice la piel. Volviendo puramente al concierto, la actuación fue sonada pero simple y siempre bien dirigida por la potente y clara voz del cantante de Berriz – de la cual me reconozco fan –. El público, que en este tipo de festivales no suele venir a primera hora, no era muy numeroso, pero mostraba un feedback increíble con el grupo. Algunos de nosotros, incluido un servidor, lamentamos en cierta manera, que su actuación no fuera en prime time, con la espectacularidad que la noche y un buen juego de luces da a un grupo que siempre da el máximo a su público.
Como siempre se mostraron enérgicos y con un sonido potente y a su vez bien definido tocaron, apenas sin parar, el repertorio de su disco Volver. «Niña Kamikaze» – canción fetiche de nuestra compi Iraida –, «Volver» o «Qué casualidad» nos pusieron a tono para empezar el festival de la mejor forma posible.
Permitid que incluya un párrafo a modo de postdata y es que no quería dejar pasar la ocasión de agradecer a Ro – nuestra intrépida reportera – que embelesó – aún no sabemos con qué artimañas – a Gabriel, cuando este lo estaba dando todo en el escenario y consiguió foto tales como las que acompañan estas palabras. (¡Gracias Ro!)
algunos de nosotros, incluido un servidor, lamentamos en cierta manera, que su actuación no fuera en prime time con la espectacularidad que la noche y un buen juego de luces da a un grupo que siempre da el máximo a su público.

Era el turno de otro de nuestros grupos preferidos y este era Full. El público seguía llegando y conseguimos ponernos en primera línea – un poco ladeados, pero ahí estábamos –.
El concierto fue un auténtico recital de ritmos y melodías al más puro estilo Full. Y es que en sus trabajos – en esta ocasión hablamos de su segundo disco «Tercera Guerra Mundial» – están cargados de contrastes. Potencia, ritmos armónicos, melodías y letras para todos – tus variables estados de ánimo – son sus claves. El grupo tenía esa chispa enganchaba desde su propia sencillez. No necesitaron una gran puesta en escena, ni alentar al público para que este se volcara con ellos. Hablando con lo que ahora son nuevos y buenos amigos – que fuimos haciendo durante el festival –, reconocían no saber del grupo y tras escucharlo declararse fan. Y es que no hay nada que no encuentres en un álbum o un concierto de la banda sevillana, bueno quizás en este sí, recordar viejos himnos como «Otra vez» o «Azul Eléctrico», pero se lo perdonamos porque nos hicieron saltar con «Aullando» y «Misión y funeral», bailar con «Privée» vibrar con la canción que le da nombre al álbum.

Tras Full, hubo que hacer votación. ¿Dorian o Corizonas? Un servidor se quedó con Dorian – ya que me perdí su último concierto en tierras catalanas –.
Así que la crónica sigue con el grupo Barcelonés. Después de los 45 minutos de rigor de puesta a punto entre grupo y grupo – que dio para conocer mejor a la gente que nos rodeaba y situarnos algo más centrados en primera línea – empezó el espectáculo con «Los placeres efímeros» canción con la que el público – que había crecido abundantemente en número, pero no en edad – se volcó.
Se hace difícil escribir sobre Dorian ya que sus canciones podrían designarse como himnos, prácticamente en su totalidad. Todas significaban algo para el público y no había ninguna que pasara como una más. Particularmente y coincidiendo con la mayoría del público, «Los amigos que perdí», «Hasta que caiga el sol», «Paraísos artificiales», sobre todo con «Arrecife» y por encima de todas como signo de la banda «A cualquier otra parte» emocionaron a un entregadísimo público. Y es que se sentía a la gente formando parte del mismo grupo, como una elongación de este. El ambiente y la sintonía entre los fans y la banda fue de las mayores del festival y te hacían pensar en no faltar a su próximo concierto.
No fallaron y dieron al público lo que quería, su mejor versión. Pero como todo lo bueno, el concierto acabó – como es propio cuando todo está de puta madre va genial – más rápido de lo que esperábamos. Y no es porqué los catalanes se quisieran bajar del escenario, en el cual se les notaba distendidos y disfrutando tanto o más que el público, sino porque el tiempo había pasado y no tenían para más. Se nos hizo corto, intenso y sobretodo inolvidable.

no fallaron y dieron al público lo que quería, su mejor versión. pero como todo lo bueno, el concierto acabó – como es propio cuando todo
va de puta madreva genial – más rápido de lo que esperábamos.
En este punto vivimos un punto de inflexión. La mayoría del público de Dorian escampó y nos situamos en el centro de la primera fila. Lo teníamos todo para ver a Pixies a lo grande, pero teníamos a L.A en la lista de imprescindibles. Debatimos y concluimos que L.A, como artista nacional – y que alguno de nosotros ya habíamos disfrutado con su genial directo – sería más fácil encontrar en un próximo evento y, que ver a los Pixies en las condiciones que teníamos, no se volvería a repetir, quizás jamás en la vida. Así que nos quedamos en el lugar. Vimos como el público aumentaba y llenaba el recinto de forma exponencial. La media de edad varió considerablemente y podíamos ver, además de jóvenes, puretas y viejas glorias.





