Canciones como «Camas y trincheras» o «A otra con esas» no dejaron a nadie indiferente en la, que se improvisó como una multitudinaria, sala de baile. A su vez, otras como «Insuficiente», «Orfidal y Caballero» o «Una excusa diferente» demostraron – además de la versatilidad del grupo – la buena proyección que tienen por delante.
En definitiva, es uno de los mejores grupos que puedes añadir en tu playlist de pinchar en fiestas, si quedar como el boss de las nuevas tendencias de lo bailongo.

Tras la breve espera y comprobar cómo se había puesto a petar el lugar, subieron a escena Miss Caffeina.
Algunos ya veníamos de anteriores directos del grupo – por ejemplo, el anterior Granada Sound – y la expectación era máxima. Y como siempre, no defraudaron. Empezaron con «Detroit», – genial forma de empezar el concierto – demostrando que no necesitan una gran puesta en escena, ni un escenario de cabeza de cartel para sentirse cómodos y mucho menos, garantizar un buen espectáculo.
Alberto Jiménez – cantante – se mostró tal cual. Enérgico, firme y con ese carisma – querido por todos y cultivado por pocos – que lo a propulsado los últimos diez años – desde que se unió a Miss Caffeina – hasta el lugar donde se encuentra a día de hoy. Su papel fue potente y reivindicativo – recordamos los dedos corazón alzados cantando «Oh! Sana» con una cordial dedicatoria al señor Trump y a una de las últimas «proezas» referentes al colectivo LGBT.
su papel fue potente y reivindicativo – recordamos los dedos corazón alzados cantando «oh! sana» con una cordial dedicatoria al
señortrump y a una de las últimas «proezas» referentes al colectivo lgbt
Moló el buen rollo que tuvo con el público y su mención a Álvaro Navarro – guitarra eléctrica – cuando explicó de donde surgió «Ácido». De tal manera bromeo con el mainstream del indie nacional y nos invitó a sacar nuestros movimientos «más reggaetoneros» para bailar al son de «El rescate».
También hizo el pícaro frente los novicios a sus conciertos, despidiéndose en distintas ocasiones. Pero Alberto, los que te conocemos, sabíamos que no ibais a marcharos sin darnos uno de vuestros mejores regalos «Mira cómo vuelo».
El concierto fue potente y dinámico, como de costumbre con estos chicos. Y como siempre, se nos hizo corto – como el sexo del que siempre quieres más –. Sin duda fue una de las mejores actuaciones del «Low» y recomendamos que no dejéis escapar la oportunidad de verlos en directo antes de que acabe su gira Detroit 2.0 el próximo once de noviembre en La Riviera, Madrid.

El festival prometía ser largo y necesitábamos conservar energía, pero no queríamos irnos sin saborear el estilo – creednos que inimitable – de Chk Chk Chk.

Para todos era la primera vez que asistíamos a su directo y no nos podía haber dejado mejor sabor de boca. Y es que el grupo estadounidense, capitaneado por el esperpéntico Nic Offer hizo mover a todos los asistentes con sus ritmos Dance Funk – Indie Rock – Revival, de la mano de la incombustible Shannon Funchess. Y es que este dúo se complementa a la perfección. Ella atrapaba al público con su voz de Soul y sus movimientos – que iban desde el funk hasta los de monitora de aeróbic –. Nic era como «una serie B» de Mick Jagger necesitado de nicotina, vestido con ¿bañador?, americana – abrochada sólo por un botón – y – ojo al dato – ¡crocs como calzado!
Tocaron incombustibles como «Freedom», «Our Love» «Dance is the best revenge» o «One Girl/One Boy» con la cual salieron a bailar con el público. Cómo veis, un repertorio de los más rico y variado – tocando los hits más molones de sus últimos trabajos –. Fijaos hasta qué punto fue un desmadre que, ¡uno de nosotros se llevó una patada en la frente de Shannon en medio de tanta fiesta! Sin duda quien no bailó con ellos, no tenía sangre en las venas. Un espectáculo de esos «DebeVerseUnaVezEnLaVida».
fijaos hasta qué punto fue un desmadre que, ¡uno de nosotros se llevó una patada en la frente de shannon en medio de tanta fiesta!
Acabada la fiesta con Chk chk chk (!!!), nos fuimos al hotel a pillar energías para el festival, con ganas de más, algo cansados y con el zumbido en el oído típico, de haberse puesto frente a altavoces de dos metros.
No os contaremos la odisea que tuvimos para volver al hotel con bus – que se negaban a hacer la ruta, porque para los que éramos, no compensaba hacer el viaje en bus y la ruta quedaba recordada al centro urbano –.
Finalmente llegamos al hotel y coincidimos en que, sin duda, molaba estar allí y molaban las expectativas que se habían creado en la Welcome Party. Pero, ¿iban a ser correspondidas?
Continuará 😎





