Penúltimo día de festival, estábamos algo cansados, pero con las ganas de un niño por seguir saltando y cantando.
Como siempre, por la mañana, nos dedicamos a hacer el perro al más puro estilo dominguero. Cuando llegó la hora bajamos al festival para ver que se cocía este segundo día. Las expectativas estaban por los cielos; veníamos de un primer día de ensueño y los grupos del segundo día venían cargados como en pocos festivales. Grandes cabezas de cartel, conocidos por su música y su espectáculo iban a compartir con nosotros una noche que se aventuraba épica.
Empezamos con Nada Surf en el Estrella. Los de Nueva York salieron a brindarnos éxitos de todas sus épocas. El rock alternativo fue pasando a rock melódico a medida que pasaba la actuación y es que, a Daniel Lorca – bajista – le surgieron problemas con el conexionado del bajo y pasó a ser vocal. Cabe destacar el buen rollo de este y de Matthew Caws frente al problema. Y es que mientras el staff intentaba cortarle la cabeza al pollo, ellos bromeaban y contaban batallitas. En estas nos enteramos que Daniel nació a camino entre Madrid y Benidorm y que, para él, estar ahí era como estar en casa. Todo de muy buen rollo, solo faltaron las cañas y las bravas.
en estas nos enteramos que daniel nació a camino entre madrid y benidorm y que, para él, estar ahí era como estar en casa. todo de muy buen rollo, solo faltaron las cañas y las bravas.
La actuación no brilló del todo, por los problemas técnicos, pero el escaso público – imaginamos que la hora no invitaba y el exceso del día anterior menos – lo pasó genial.
Always Love nos hizo alzar a todos las manos y rendirnos al veterano grupo al que esperamos ver pronto por nuestras tierras.

A continuación, vino el peor grupo del mundo: Sidonie.
El rock alternativo de este grupo, sitúa la escena de rock nacional por las nubes. Y es que nos deleitaron con obras procedentes de su último gran durada y no cabe duda que es un disco maestro. Ritmos y melodías que se enganchan a ti de forma natural y sin poder evitarlo. El grupo barcelonés puso todo en el escenario: nos hicieron saltar, nos pusieron el micro en la boca, se mezclaron entre el público, tocaron la guitarra de espaldas, en el suelo y a golpe de paquete “sí tal cual lo leéis” e hicieron una puesta en escena mayúscula. Podríamos hablar de muchos momentos clave del concierto, pero destacaremos dos. El momento en el que, mediante pancartas hicieron de karaoke para el público y nos dejaron claro que no sabían dibujar un perro, y como no, cuando Marc Ros – cantante – se mezcló entre el público – recordándome a Jared Leto con 30 Seconds to Mars en uno de sus últimos conciertos en Alemania – abriendo las aguas del público y cantando entre la multitud.
mediante pancartas hicieron de karaoke para el público y nos dejaron claro que no sabían dibujar un perro
La actuación se abrió con Os queremos – y nosotros a vosotros Sidonie 😉 – siguió con nuevos temas como Siglo XX y sus rasgueos de guitarra molones, No se dibujar un perro – como ya sabéis con una puesta en escena súper molona – Carreteras infinitas, El peor grupo del mundo – canción con la que nos hicieron recordar a Súpersubmarina – y acabaron con canciones de antiguos álbumes como: El incendio y Estáis aquí que sonó con el público coreando y haciendo del momento un inmejorable final.

Durante la pausa el público cambió radicalmente. Hubo un éxodo de gente joven, dejando paso a un público más pureta. Se acercaba el momento de Franz Ferdinand.
Como pasó con los Pixies, parte del público adquirió la entrada solo para ver a este grupo y al siguiente – tranquilos, sin spoiler –.
El grupo empezó fuerte y enérgico como de costumbre. Nos pusieron a todos en marcha con su No you girls. Los de Glasgow escogieron con acierto su repertorio indie rock y demostraron que siguen sonando tan frescos como el primer día de su segundo, larga durada– recordando que fue con éste con el que se dieron a conocer al mundo –. Sin duda tras la banda existe un aura que los hará brillar por siempre como referentes del indie rock internacional. Su estilo se mantiene fiel y a pesar de que todas sus canciones no tienen la misma fuerza y/o no son tan bailables, el tono de Alex Kapranos y los ritmos de la banda son atemporales. Una música con clase, algo sucia y con cierta distorsión en los momentos oportunos, han hecho ascender a estos chicos hasta donde se encuentran a día de hoy.
La puesta en escena fue comedida y elegante. Lejos de la imagen que algunos esperaban de british band vista en Michael o en This Fire – canción con la que cerraron su actuación –, pero acertada. Fue algo más rockero, más genérico pero acorde con la actuación.
la puesta en escena fue comedida y elegante. lejos de la imagen que algunos esperaban de british band vista en «michael» o en «this fire»
Los momentos clave fueron – cómo no – cuando sonaron: Always Ascending, Jacqueline y Take me out.

Con esto llegamos a la última actuación – para nosotros – de la noche. Eran las 3 de la madrugada y era el turno de los indisciplinados The Hives.
Se mostraron como una maldita panda de hooligans liándola por Lloret. En pocas palabras, llegaron, arrasaron y dejaron todo hecho una mierda – no literalmente claro –.
Fue una actuación corta – su setlist apenas llegaba a diez temas –, pero intensa como ninguna. Tiraron de clichés y de tópicos de banda rockera para ganarse al público. Nos preguntaron qué si ya estábamos borrachos, qué si éramos una maderfakers y demás teatrillo, pero el público respondió al dedillo. Por si algunos no lo sabéis, lejos de lo que imagina la mayoría de peña, estos destroyers de la vida son suecos y no hijos de la gran Bretaña.
se mostraron como una maldita panda de hooligans liándola por lloret. en pocas palabras, llegaron, arrasaron y dejaron todo hecho una mierda – no literalmente claro –.
Pero anécdotas aparte, la actuación fue la leche. Mucha potencia, mucho calor y jaleo. Trastes rotos, gritos distorsionados, saltos, sudor, birra por el suelo y esputos al aire. La intensidad de cada canción hacia que cada par tuvieran que tirar de los – anteriormente mencionados – teatrillos para que la banda pudiera coger aire. La entrada fue de lo mejor, con su obra estrella C’mon, que nos hizo preparar para el recital que vendría a continuación.

Después de la tremebunda entrada, Pelle Almqvist – cantante – tubo la bondad de advertir a los no iniciados en The Hives, que lo que seguía iba a ser igual o más duro y que ese era el momento de pensar en echarse a un lado. Sus canciones sucias y de lengua de trapo enamoraron al público – que ya sabían a lo que iban – e hicieron de la corta actuación algo memorable. Los momentos chulos, por destacar algo de la brillante actuación, podrían ser cuando tocaron: Walk idiot walk, Hate to Say I Told You So y el final a toda hostia con Tick Tick Boom.
Este fue el penúltimo día de Low y esta la crónica que lo acompaña. Y ahora me piro hasta la próxima, he dicho.





