
Basada en la novela de Caleb Carr publicada en 1994 y dirigida por Jakob Verbruggen (director televisivo con trabajos como The Fall, London Spy o Black Mirror), la serie nos sumerge en la ciudad de Nueva York de finales del siglo XIX, con un cuerpo de policía corrupto que un comisionado idealista no puede arreglar a pesar de todos sus esfuerzos y donde un psicópata puede actuar con impunidad aprovechando las injusticias sociales. Y es que nadie se preocupa por las macabras muertes, ya que las víctimas son menores pobres que travisten y se dedican a la prostitución en casas de mala muerte. Pero todo eso cambia cuando un insólito médico, alienista, decide interesarse por estos casos.
nueva york de finales del siglo xix, con un cuerpo de policía corrupto que un comisionado idealista no puede arreglar a pesar de todos sus esfuerzos y donde un psicópata puede actuar con impunidad aprovechando las injusticias sociales
En diez episodios, los guionistas encabezados desarrollan un caso bien dosificado, que nunca se queda en un punto estático, sabiendo que la mejor manera que tienen para enganchar al espectador es construir buenos personajes, con virtudes, defectos e historias propias. En The Alienist destaca, por ejemplo, el personaje de Sara, interpretada por la siempre deslumbrante Dakota Fanning, una mujer que nada a contracorriente en un departamento de policía que simplemente la pretende hacer invisible por ser mujer o, por el papel de chico de buena cuna de Evans, con un espectacular Luke Evans, que dota de sentido la razón de la, a veces, de la mente encacicada del doctor Laszlo Kreizler.
A decir más, este último personaje, interpretado por Daniel Brühl, hace las delicias del público más metafísico y es que en ocasiones resulta enfermiza la necesidad del personaje por avanzar en la investigación mediante el interés de este sobre los instintos reprimidos, la violencia y las pulsiones incontrolables del ser humano.
este último personaje, interpretado por daniel brühl, hace las delicias del público más metafísico y es que en ocasiones resulta enfermiza la necesidad del personaje por avanzar en la investigación
La dirección de Verbruggen resulta extraordinaria. Entre otras, trasladaron el rodaje a Budapest para recrear ese Manhattan insalubre y, conscientes que no tenían un presupuesto suficiente, el director belga y su equipo dotaron de una atmósfera onírica y asfixiante, donde los efectos visuales las pantallas verdes no desentonan.
Esta es, sin lugar a dudas, una serie que no pretender ser. Es, sin más, una serie bien ejecutada de pies a cabeza y, es por eso, que se puede considerar de lo mejor que ha producido Netflix desde sus inicios. Porque no hace falta profundizar mucho en la mente humana para recordar que, a veces, lo sencillo y bien ejecutado resulta mejor.




