Me atrevería a decir que la mayoría de gente a la que conocéis es de esa que suelta la frase ahora tan de moda gracias a Netflix y compañía que siempre se menciona cuando preguntas sobre gustos cinematográficos: «No veo mucho cine, las series son mejores».
Sí, es cierto que la calidad de las series es bastante buena en la actualidad y que el cine ha dejado el protagonismo a la pequeña pantalla, pero esto se debe en parte a la forma de consumir ambas plataformas y no tanto a la calidad. Se sigue haciendo muy buen cine, solo hay que saber buscar entre tanto blockbuster palomitero.
se sigue haciendo muy buen cine, solo hay que saber buscar entre tanto blockbuster palomitero
Parte de la culpa de que el cine actual haya descendido su calidad (o al menos lo parezca), se debe a que la industria se fija más en una taquilla sobresaliente que en un cine notable y la culpa la tienen los noventa.
El aumento de las salas de cine, de las producciones taquilleras, de las sagas y del cine para todos los públicos catapultó a Hollywood nuevamente en cifras. Pero no solo dinero fue lo que recaudó el séptimo arte en los noventa, sino que dejó una cantera de filmes realmente destacables.
Spielberg venía de contarnos la historia de un extraterrestre feo a rabiar pero realmente entrañable, a dejarnos historias épicas como «Schindler’s List» o «Saving Private Ryan» y esto nos demuestra el cambio de mentalidad cinematográfica. El bueno de Steven no fue el único en apostar por el drama y dos de los actores de éxito (que no por ello de calidad) dieron el paso a la dirección con dos de las películas más recordadas de los 90: «Braveheart» (Mel Gibson ya no era Mad Max) y «Dancing with Wolves» (en efecto, la de Kevin Costner). Y por favor, no olvidemos la historia de amor por excelencia de los noventa, «Titanic» con un DiCaprio que parecía salido de una boyband (recordemos que fue la época dorada) y con un James Cameron al volante que para siempre quedará como el-señor-que-vive-del-cuento (y de Avatar).
Con «Aladdín», «El Rey León» o «La Bella y la Bestia», Disney volvió a catapultarse a lo más alto y el cine de animación se convirtió en una nueva baza a tener en cuenta y más si contamos que una pequeña y revolucionaria productora con un flexo como imagen parió una de las mayores obras de arte del cine de animación. Y es que «Toy Story» fue el punto de partida de casi todo el cine de animación actual.
Entre el resto de exitazos que no quiero dejar en el tintero y que todos alquilamos en un videoclub, cabe destacar el famoso «Drácula de Bram Stoker» (eso sí que era un vampiro y no el deprimente rubiales lleno de purpurina de «Twilight»), «Jurassic Park», «Forrest Gump», «Basic Instinct», «Ghost» o el adorable «Hannibal Lecter».
no quiero dejar en el tintero «drácula de bram stoker» (eso sí que era un vampiro y no el deprimente rubiales lleno de purpurina de «twilight») o el adorable «hannibal lecter»
Pero no todo fueron superproducciones y directores consolidados, los 90 nos también tuvieron su parte más independiente y controvertida con directores que dejaron de serlo rápidamente para convertirse pronto en cineastas de culto. Tuvimos a Danny Boyle con su «Trainspotting», a Fincher con «Seven», a los Cohen regalándonos joyas como «Fargo» (que, efectivamente, era una película antes de convertirse en serie) y de un tío muy raro que dibujaba extrañas figuras y fue un niño triste, el culpable de que los góticos adoren Navidad y Halloween por igual y que nos descubrió a Johnny Depp intentando pinchar un guisante con unas manos de tijera. Después de Bitelchús (me niego a poner su título original, me gusta la traducción castiza y casposa) el jodidamente tarado de Tim se consolidó en los noventa y nunca su carrera volvió a ser igual, es difícil superar «Mars Attack».
Y al que sí que le salió bien la jugada fue a Tarantino, de los noventa surgió para quedarse y seguir por todo lo alto. ¿Quién no recuerda la escena del tiro accidental en el coche de «Pulp Fiction»? ¿O la oreja de «Reservoir Dogs»?
¿quién no recuerda la escena del tiro accidental en el coche de «pulp fiction»? ¿o la oreja de «reservoir dogs»?
Además de su gusto musical, su fetiche por los pies y la sangre y, sus películas como director, a Quentin también le debemos parte de «From Dusk Till Dawn», «True Love», «Four Rooms» o «Natural Born Killers» y unas elecciones musicales que le hacen la competencia al mismísimo Danny Elffman.
En definitiva, si la música de la década no era suficiente para convencer, el cine nos demuestra que los 90 fueron una muy buena época y que impulsaron parte de la industria que conocemos ahora.





