Aquí me encuentro, en la segunda entrada de aquellos maravillosos 80. Ahora en el play está Vangelis con su Blade Runner – canción que sonaba en los créditos de la película homónima –
Si los 80 fueron grandes, fue en gran medida por la industria cinematográfica. Los 70 dejaron atrás las batallitas de indios contra vaqueros los viejos westerns – que seguramente gustaban a todo el mundo, porque no había nada mejor que ver – y a su vez, grandes obras como «Pierrot le fou», «The great scape» o «Night of the living dead», así como las DebenVersePorLoMenosUnaVezEnLaVida «2001: A space odyssey», «Psycho» y «Bonnie and Clyde» – reconociendo que el género gánster, visto desde ese punto de vista escéptico, fue un auténtico puñetazo en los morros para el cacanido regio establishment del por entonces New Hollywood –.
Y con Hollywood buscando salidas a la mierda en la que él solito se habia metido abierto a nuevos horizontes, llegaron nuevos géneros, como el post-apocalíptico propulsado por un madurito Heston allá por el 67 y la primera entrega – que no están siendo pocas – de «The planet of the apes» junto a «The Omega Man» y se dio una vuelta de rosca a géneros clásicos, como el de terror, con la mítica «The exorcist» que fue nominada – vais a flipar – a 10 categorías en el certamen de los Globos de Oro, o la conocida por todos «The Texas Chain Saw Massacrey» que marcó un punto de inflexión en el género gore. Todo esto por no hablar de la escena Sci-Fi con la primera entrega de, la ahora venerada saga, «Alien».
Cabe aclarar que el momento político – ya no digo del país, sino del mundo – con la por entonces activa, guerra de Vietnam condicionaba directamente lo que el principal público de la industria – el norteamericano – demandaba. Y es que Hollywood sería, en pocos años, el títere más influyente del gobierno para maquillar las mierdas en las que él solito se metía la mega industria propulsora del mejor cine de acción, usando el que iba a conocerse como género de acción patriótica. Pero aún quedaban cosas buenas, ya que por entonces las nuevas promesas – George Lucas y Steven Spielberg junto a los reyes del cine de terror; Craven «A Nightmare on Elm Street», Cronenberg y Carpenter «The Fog» iban abriéndose paso en el caótico mercado de las estrellas.
Y así fue como se llegó a la maravillosa década de los 80, con Reagan en la presidencia y con la guerra recién acabada, se necesitaban nuevos aires patrióticos y surgieron las – by America for americans – y como si una nueva doctrina Monroe fuese, llegaron «Rambo» y «Top Gun» que, como bien pensaron en la industria, serian el orgullo de la nación (cinematográfica). A su vez, Lucas y Spielberg forjaban su nombre en el panteón de Hollywood con sagas como «Star Wars», «Indiana Jones» y «Back to the Future».
reagan en la presidencia y con la guerra recién acabada, se necesitaban nuevos aires patrióticos y surgieron las by america for americans «rambo» y «topgun»
También fue la época de – la ahora conmemorada por «Stranger Things» – «The Goonies», la cual hizo de una generación de niños, compañeros de aventuras. Las fantásticas «Die unendliche Geschichte» nombre original de la coproducción alemana occidental – recordamos que por entonces el muro seguía en pie – y americana: La historia interminable. O «Labyrinth», con un Bowie cuarentón representando a Jareth – nada más y nada menos que el rey de los goblins – raptor del pequeño Toby, hermanastro de Sarah, siendo esta interpretada por – la por entonces jovencísima y amor de mi infancia – Jennifer Connelly, peli que nos hacía estar atentos por si se pegaban algún cameo la Rana Gustavo o su novia Peggy. Y todo esto no es más que el inicio de un séquito de películas juveniles de la época, encabezadas por – quizás el extraterrestre más cutre y a la vez molón de la historia (perdóname Alf) – «E.T».
todo esto no es más que el inicio de un séquito de películas juveniles de la época, encabezadas por – quizás el extraterrestre más cutre y a la vez molón de la historia (perdóname alf) – «e.t».
Los fantasmas y entes de ultratumba pillaron carrerilla en distintos géneros. Desde las incombustibles comedias de «Ghostbusters» o la – JoderEnQueEstabanPensando inexplicablemente – mal traducida «Beetlejuice» (Bitelchús) – sí, con la puta tediosa tilde incluida –, hasta la reina de lo paranormal – dentro y fuera de la pantalla – «Poltergeist».
Otro de los géneros que causó furor fueron las dance movies. Y es que a todas nuestras madres les moló – y bastante –. Pelis como «Dirty Dancing» – con un guaperas llamado Patrick Swayze – y en mayor o menor medida «Flashdance». Y es que a día de hoy y por poner un ejemplo, tan solo con oír un ápice de Time of my life se nos vienen arriba, aunque cabe reconocer que no llega a tanto, como su afán de cantar You’re the one that I want de «Grease» – Yuarawanadaiguan para ellas –.
El género post-apocalíptico vivió el culmen con «Mad Max» y un Gibson que nunca había sido – ni volvería a ser, en efecto, tan siquiera en «Braveheart» – tan badass, y las protagonizadas por ciborgs «Robocop» y «Terminator». Hay que reconocer que estas últimas invitaban al eterno debate sobre quien de los dos ganaría una batalla a muerte – tema digno del programa noventero Moros y cristianos–.
y las protagonizadas por los ciborgs «robocop» y «terminator», hay que reconocer que estas invitaban al eterno debate sobre quien de los dos ganaría una batalla a muerte
Para acabar, hay que hacer referencia a la película que le da sentido a toda esta entrada y la que me lleva acompañando – por lo menos su banda sonora – durante toda esta redacción. Pero, ¿cómo explicar lo que se siente frente a la mejor película ciberpunk de la historia? Simplemente no se puede.
El género, la fotografía, el guion, la banda sonora, todo se movía en armonía e hicieron del film la leyenda que es hoy. Otras lo han intentado, como la reciente «Ghost in the Shell» – adaptación del Manga/Anime del gran Masamune Shirow –, pero no llegaron a la altura. Y sí, soy de los que defienden su adaptación a muerte. Pero este tema mejor lo dejamos para otra entrada…
Por cierto, no quisiera acabarla sin nombrar al fenómeno cinematográfico ochentero por excelencia: «Los Gremlins». Seré breve: son y serán la polla.





